lunes, 12 de diciembre de 2011

Bizkaia es diferente y vota diferente.

Durante los últimos años he venido escuchando al asimilacionismo moderado de la autonomía vasca vanagloriarse de que mientras en el conjunto del estado teñía sus provincias de dos colores mayoritarios, los territorios objeto de su codicia mantenían la tonalidad de sus particulares designios. Esta ensoñación se ha visto truncada en las dos últimas citas electorales al congreso de los diputados, donde hace cuatro años se tiñeron del color rojo de sus adversarios políticos y en ésta última cita hemos visto una radiografía exacta del mapa histriónico de esta pantomima autonómica.

Como bien venimos avisando desde el nacionalismo bizkaitarra, los colores que tiñen Álava son fundamentalmente del color azul del vascoescepticismo; el arma empuñada por los alaveses para obtener la ventaja del soborno asimilacionista para lograr privilegios pagados por el dinero de Vizcaya.

Por otro lado, el asimilacionismo negacionista radical es prácticamente hegemónico en Gipúzkoa, modelo de desnaturalizamiento sobre el que construir Euskal Txerria. Sin embargo podemos observar que este color se extiende como una plaga contagiosa en las zonas limítrofes de ésta provincia infecciosa por el norte de Álava y el oriente de nuestra amada Bizkaia. Es la señal de alarma que nos invita a reflexionar sobre el peligro que se cierne con el avance del negacionismo radical. Un negacionismo que tiene en su punto de mira la identidad nacional de Bizkaia.

Y es que si algo tiene Bizkaia es que vota diferente porque piensa diferente. Los colores verde del asimilacionismo moderado, asentado en la capital y en las zonas rurales del centro y este de la provincia, unidas al color rojo de los grandes núcleos de población del gran Bilbao, dan muestra de que en Bizkaia se vota diferente porque se piensa diferente. Ya es hora de reivindicar esta diferencia, de agitar esas mentes verdes y rojas para hacerles comprender que pertenecen a una nación diferente de la que creen, la nación bizkaitarra. Es hora de agitar esas mentes que creen que el negacionismo radical es la defensa de su tierra, cuando supone servilismo a una identidad que no es la nuestra, y recuperar el terreno perdido en el este de nuestra tierra.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Gipuzkoa, punta de lanza del asimilacionismo.

Si hay una tierra desnaturalizada en esta pantomima autonómica vasca es Gipúzkoa. Este territorio es la fuente donde el negacionismo campa a sus anchas después de una larga actividad soterrada de destrucción de la identidad histórica de sus gentes. Para ello se ha valido de una tenaz actividad de los asimilacionistas enfocada por un lado a un ejercicio colectivo de destrucción de su memoria histórica, y por otro lado, la sublimación de su carácter local como estándar del nuevo estado navarro de los Pirineos.

No es de extrañar que los asimilacionistas pretendan imponernos una lengua sintética nacida de la fusión de los hablas guipuzcoanos como lengua única del renacido Reino de Navarra; pero no sólo la lengua, su folklore, sus costumbres, su gastronomía...etc., pretende ser servido como plato único de la identidad panvasquista. Hasta cosas tan peregrinas como las razas autóctonas de su ganado son vendidas por el asimilacionismo como el estándar de lo vasco, frente a aquellas razas propias de nuestra tierra. Así, el ganado ovino latxo, la oveja latxa, es promocionada, no sólo como oveja "vasca" de este nuevo estado, sino que es elevada a la categoría de símbolo que luce en forma de pegatina en numerosos coches de los cegados por el negacionismo. Algo tienen que decir los ganaderos de nuestra tierra, que durante siglos llevan criando a la oveja carranzana. Ésta oveja carranzana, es frente a la latxa muy superior en producción lechera y lanar, mucho más rentable y adaptada a la tierra y clima de nuestra tierra, y sobre todo genuinamente bizkaina.

Pero sigamos con el asunto que nos ocupa, la desnaturalización de Gipuzkoa. Este que presentamos es el escudo histórico de esa tierra. Obsérvese que junto a los tres árboles tejos con sus olas de mar, el escudo Gipuzkoano incluye en su parte superior un rey y doce cañones. El rey es el símbolo de la monarquía castellana que siempre defendió, y que fue pagado por los navarros con los sitios de San Sebastián, Tolosa y Fuenterrabía, y el incendio, destrucción y saqueo de Irun, Oyárzun, Hernani y Rentería a finales de 1512. En diciembre de ese mismo año, los Gipuzkoanos devolvieron el golpe al ejército navarro destrozando su retaguardia y capturando sus cañones en la Batalla de Velate, y como reconocimiento a tal servicio en la guerra contra Navarra, le fue otorgado a su escudo heráldico las doce piezas de artillería capturadas.

Esta notable trayectoria de los guipuzcoanos al servicio de Castilla, fue el primer objetivo puesto en el punto de mira por los negacionistas durante la construcción de la autonomía vasca. El asimilacionismo no podía admitir la realidad histórica. Era necesario borrar de la memoria colectiva el esfuerzo victorioso de los guipuzcoanos por su identidad, y sustituirlo por la ideología del victimismo de los derrotados navarros. Así pues, poniendo en los altares del sacrificio el pasado heroico de sus gentes, en 1979 las juntas generales de Gipuzkoa votaron para su vergüenza, la eliminación de la parte superior de su heráldica para dejar un escudo como el actual, limpio de su pasado. Se adujeron para ello las buenas relaciones con Navarra; unas relaciones que ya fueron buenas cuando los requetés navarros y guipuzcoanos regaron de sangre la tierra de Vizcaya durante la guerra civil y en la que los cañones de Velate no fueron obstáculo para ese entendimiento. Hoy solamente el municipio de Cizúrquil mantiene en su escudo los doce cañones de Velate, sin que eso parezca ser un obstáculo para las buenas relaciones con Navarra, ya que fueron los habitantes de esta villa los que tomaron parte en dicha batalla, y ni siquiera los negacionistas más radicales se atreven a negar la identidad de estas gentes en nombre de su proyecto uniformizante.
De este modo se fraguó la primera piedra en el camino para desnaturalizar la identidad gipuzkoana, eliminando vestigios de memoria que entorpecieran el avance del asimilacionismo. Un avance que adulterando la identidad de sus gentes, ha crecido como la espuma en los últimos años, y que corre peligro de ser contagiada a nuestra tierra por el voraz apetito expansionista de Euskal Txerria. Hoy en día no hay que mirar mas que el mapa electoral para ver como la maquinaria del negacionismo está bien engrasada. De la mano de sus lacayos de Euskaltzaindia, y con el beneplácito del gobierno títere de turno en Vitoria, se han ido borrando poco a poco los nombres históricos de la identidad gipuzkoana, del mismo modo en que se pretende hacer en Bizkaia. Así, sitios como Placencia de las Armas, nombre que nos reconduce a la íntima relación con Castilla de este territorio, es ahora conocida como "Soraluze", tierra desnaturalizada de su pasado.

Este es un ejemplo más del riesgo que corre Bizkaia de seguir el camino Gipuzkoano. Un camino que lleva a nuestra pérdida de identidad, la pérdida de nuestro acerbo cultural y nuestro patrimonio histórico. Es el destino hacia el que se dirigen los pasos del negacionismo; el horizonte de asimilar nuestra naturaleza a la de aquello que niega nuestras raíces. Todo con el fin de mantener postrada a Vizcaya entera a los pies de otras tierras y gentes que pretenden construir su bienestar con los recursos de un pueblo desmemoriado y servil. Destruyendo nuestra identidad y asimilándola al servicio del nuevo estado navarro panvasquista. Es hora de que la conciencia nacional bizkaina se agite contra estos nuevos bárbaros que demandan de nosotros la pan y la sal sin ofrecer nada a cambio. Es tiempo de exhibir con orgullo nuestro pasado e identidad y decir que en Bizkaia hay una roca patriótica contra la que se estrellarán las olas de esta marejada de desmemoria organizada; que nuestra tierra es nuestra, y nuestro pasado, presente y futuro nos pertenece.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Vizcaya: razones para la secesión. El idioma.


Vizcaya is different: Bizkaia ez da Euskal Txarria!!! Nuestra tierra tiene una identidad propia que debe ser salvaguardada del nuevo asimilacionismo navarro. Las ideas propagadas desde el asimilacionismo pretenden diluir nuestra identidad en una amalgama de pueblos lacayos de este estado de nueva planta que se alimenta vorazmente de nuestros recursos. Sin embargo, el negacionismo no puede resistir el más mínimo análisis crítico de sus postulados, poniéndose enseguida en evidencia y tomando una actitud abiertamente defensiva y hostil hacia el patriota bizkaitarra.

El primer fundamento del asimilacionismo es que nuestra tierra es una provincia más del  "pueblo del euskera". Éste pueblo, cuyo estado nación pivotó alrededor del Reino de Navarra, debe recuperar su soberanía alrededor de la lengua, para así prevalecer en el tiempo. Todos los bizkainos estamos familiarizados con éste discurso negacionista; y muchos de entre nosotros lo han adoptado de buena fe, al amar las lenguas de su tierra y confundir ese amor con un proyecto político. Entre nosotros: todos tenemos una madre o un padre a quien queremos y amamos; pero de ahí a construir un discurso político alrededor del amor a nuestros progenitores media un mundo. Y este discurso se vuelve particularmente perverso cuando pretendemos que en virtud de ese amor sublimar hasta el incesto la relación con alguno de ellos y desnaturalizar completamente el sentido primigenio del cariño entre padres e hijos.

Algo semejante ocurre con los postulados del negacionismo. Para empezar, en nombre de la defensa del "pueblo del euskera", se destruye precisamente dicha comunidad lingüística, que por sí misma no justifica la construcción de un estado. Sería tanto como pretender que todos los países francófonos volvieran a levantar un gran imperio desde Quebec hasta África, integrando regiones de Suiza y Bélgica en nombre de la lengua común. Sería negar la pluralidad nacional de América Latina, donde la misma lengua recorre el continente desde la Patagonia hasta el Caribe, y más al norte, los suburbios de Nueva York. Negar la identidad diferenciada de Bizkaia en nombre del pueblo del euskera es una osada pretensión negacionista destinada a minar nuestra propia esencia nacional.

Más aún podemos ahondar en la idea que la propia comunidad de lenguas con raíz euskérica (señalemos lo de LENGUAS), en realidad es terriblemente diversa, frente al proyecto asimilacionista e uniformizante del panvasquismo navarrizante. Si cogemos un mapa del pretendido nuevo reino navarro del euskera, nos encontraríamos con un panorama como el dibujado por Koldo Zuazo y que se puede consultar en la wikipedia, y que quedaría así:

En dicho mapa, y restando las zonas grises del área de Pamplona y norte de Álava, que señala el propio autor como zonas donde las lenguas euskéricas están extintas desde el S.XIX, el "pueblo del euskera" apenas comprende un tercio del territorio demandado por los negacionistas como solar del nuevo estado navarro. ¿Por qué entonces ese afán de introducir con calzador esa lengua sintética que es el Euskara Batua en zonas hispanoparlantes? El argumento de que eran zonas donde se hablaba el idioma, podría dar lugar a reclamar la luna; como si un nuevo imperio castellanoparlante exigiera a los EEUU la entrega de los estados de California, Tejas, Nevada, Colorado, Luisiana, Florida y  Nuevo México como tierras que pertenecieron al antiguo imperio español y donde se introdujera un idioma castellano desnaturalizado para américa latina en nombre del "pueblo del castellano".

El propio mapa de Zuazo, y el negacionismo en general, se resisten a aceptar que en las llamadas tierras donde se utiliza el "dialecto occidental" y que corresponden íntegramente con parte del solar nacional Bizkiano, existe una pluralidad de formas de expresión de estos idiomas. Todos los bizkaínos sabemos las dificultades de comunicación que existen entre quienes practican sus viejos idiomas euskéricos en la zona de Ondárroa, con los de Bermeo o Dima. Precisamente porque son idiomas diferenciados y ricos con una misma raíz; y que ahora se pretenden destruir de la mano de esa aberración del Batua.

Bizkaia misma es una nación plural que no puede cometer los mismos errores del negacionismo. Sabemos que somos una tierra que es fruto de la unión y libre voluntad de las zonas que la componen. La Vizcaya medieval, a la que posteriormente se unieron el Duranguesado y a principios del S XIX las Encartaciones, debe velar por su pluralidad interior huyendo de cualquier tentación uniformizadora como la que pretende el asimilacionismo. Debemos sacar a gorrazos de nuestra tierra a todos aquellos que se están lucrando con la destrucción de nuestra riqueza lingüísitca, comenzando por los chupópteros de Euskaltzaindía, y seguido de los políticos negacionistas que incrustados entre nosotros, pretenden acabar con nuestro patrimonio identitario.

Es hora de comenzar a denunciar las falacias que niegan a Bizkaia como solar común de los bizkaínos. Es tiempo de acabar con la confusión sembrada por el asimilacionismo navarrizante, de agitar las mentes y corazones de nuestros compatriotas, de hacerles ver que no tienen que sentir vergüenza por hablar la lengua de sus padres y abuelos, ya sea porque se expresan en lengua bizkaina y no les dejan obtener esa abominación que es el EGA, o porque lo hacen en lengua castellana, como lo hicieron sus ancestros en las Encartaciones. Es hora de denunciar la mentira y devolver la dignidad a Bizkaia; la misma dignidad que desde sus tumbas nos exigen los dos mil bizkaínos que aplastaron los últimos rescoldos del reino de Navarra en las llanuras de Noain. Es tiempo del renacer como nación de Vizcaya y enarbolar en alto el escudo de nuestro árbol de Gernika, del que tanto tiempo llevan alimentándose los cerdos de Euskal Txerria, y de plantar de nuevo el árbol malato en los confines de nuestra tierra, para señalar la frontera entre los patriotas bizkaínos y los negacionistas que vuelven a campar por nuestra tierra y que deben ser devueltos más allá de los límites marcados por los retoños del gafo.

jueves, 8 de diciembre de 2011

El odio hacia Bizkaia


Los asimilacionistas no quieren que Bizkaia retome su conciencia nacional. En su proyecto no encaja una tierra con su propia identidad, sino que prefieren la uniformidad y el servilismo. Necesitan a nuestro territorio por pura conveniencia, ya que es el peso demográfico y económico de nuestra tierra la que puede llegar a vertebrar un nuevo estado navarro panvasquista. El negacionismo sabe que Bizkaia es fuerte, que tiene una identidad diferenciada y que tiene el poder de erigirse en un territorio autónomo a espaldas de su proyecto, y la conciencia de que su futuro depende de nosotros es lo que ha hecho que entre los asimilacionistas se desarrolle un larvado odio a todo lo que suene a Bizkaia.

Para ello han ido minando lentamente nuestra identidad, y a la vez, extendido el odio hacia Vizcaya entre sus vecinos. Pese a que pagamos solidariamente su autonomía negacionista, nuestros vecinos han intentado por todos los medios minimizar nuestro progreso. De este modo, cuando en Bilbao se levantó el faro turístico del museo Guggenheim, en primer lugar el negacionismo radical intentó volarlo por los aires, y luego el negacionismo moderado invirtió en burdas copias como el Artium en Vitoria para intentar robar turistas a nuestra capital. Cuando Bizkaia desarrolla potentes campus privados como la universidad de Deusto, el negacionismo fomenta universidades propias y patéticas como la de Mondragón. Si Vizcaya dota de un metro a su área metropolitana, Gipúzkoa exige otro para su  minúscula capital... la lista es interminable. Y la mayor vergüenza del asimilacionismo es que todos estos proyectos que buscan hacer sombra a nuestra tierra se financian precisamente con los impuestos de los bizkaitarras, ya sea mediante proyectos públicos, o generosas ayudas a proyectos privados.

Así, para hacer frente a nuestra potente industrialización, la iglesia católica ha promocionado desde sus orígenes el movimiento cooperativista gipuzkoano. Esta indisimulada alianza entre sotanas y política frente a Bizkaia la venimos padeciendo desde que el Gipuzkoano Ignacio de Loyola y el Navarro Francisco Javier fundaran la compañía de Jesús. Esta congregación, conocida mundialmente por su fanatismo y su integrismo católico ha tenido siempre en su punto de mira a la Bizkaia librepensadora y abierta al mundo que tanto aborrecen. En este punto resulta vergonzoso que Ignacio de Loyola sea festejado en Bizkaia como patrón, dado que es ajeno a nuestra historia y territorio.

Los bizkainos debemos permanecer vigilantes ante el movimiento de odio que el negacionismo viene sembrando entre nuestros vecinos. No queremos conflictos con nadie, pero exigimos que se nos respete; y el camino del respeto comienza por el de que dejen que gobernemos nuestra propia casa y administremos nuestros dineros. 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El expolio de Bizkaia.


La reconstrucción del extinto reino de Navarra que propugnan los asimilacionistas, requiere una Vizcaya postrada y sumisa pero dispuesta a pagar la factura, no sólo cultural y lingüística, sino económica que sostiene todo este tinglado. En nombre del panvasquismo, alimentando ese horizonte de patria sintética llamada Euskal Herria, los tributos de nuestra tierra expoliada van a pagar el engorde de las arcas de Vitoria y Pamplona. Esta, Euskal Herria, mejor renombrada como Euskal Txerria, ya que engulle como un cerdo el fruto de la autonomía que brota de nuestro árbol de Gernika, se costea sus infraestructuras, su televisión, su policía, su sanidad, su educación y su progreso a costa del empobrecimiento de Bizkaia, que es quien paga.

Alguna vez, seguramente todos los que hemos tenido que tratar con algún alavés, hemos oído que se nos espeta que el agua de Vizcaya proviene de la llanada. No sólo es una falacia, dado que un gran caudal del agua que bebemos proviene de Ordunte, en Burgos, o de nuestros ríos; pero en caso de que así fuera: ¿Quién ha pagado esos embalses? ¿Quién ha dotado de infraestructuras a una provincia despoblada y miserable como Álava? ¿Quién ha tributado con sus impuestos para que en nombre de la solidaridad asimilacionista se mimen a estos territorios desagradecidos, mientras grandes zonas de nuestra tierra se ven relegadas al olvido y la pobreza?

Que nadie dude que si el dinero de Vizcaya se destinara a zonas como la margen izquierda, la zona minera, las encartaciones o Lea Artibai, nuestra tierra tendría una tasa de paro y un nivel de progreso acorde con las zonas más privilegiadas de Europa. El asimilacionismo ha seducido a muchos de nuestros conciudadanos con un canto de sirena, que hipnótico como una serpiente que se prepara a devorar su presa, ha adormecido el conocimiento de un pueblo expoliado en nombre del panvasquismo.

Este expolio continuará mientras el pueblo bizkaíno continúe dormido, hechizado por los tahúres asimilacionistas a quienes no interesa que nuestra conciencia nacional despierte. Es hora de agitar este sueño tornado en pesadilla; es hora de despertar las conciencias, de poner luz donde ahora reina la tiniebla, de despertar a nuestro pueblo. Sólo así daremos fin al saqueo, y volveremos a poner a Bizkaia en el centro del protagonismo que nunca debió perder.

martes, 6 de diciembre de 2011

Bizkaia ez da Nafarroa!!!


El negacionismo se empeña en asimilar al bizkaíno con la historia del Reino de Navarra. Nada más lejos de la realidad histórica. Frente a la pretensión de que durante el reinado de Sancho el Mayor, Vizcaya formó parte de Navarra, debemos señalar que en el medievo los reyes heredaban y dividìan las tierras en función de herencias y casamientos, y si bien es cierto que durante aquel reinado, Vizcaya se vio bajo la soberanía de un rey navarro, tampoco es menos cierto que junto a ella estaban Castilla, Aragón, Cantabria y la Rioja, sin que hoy nadie pretenda integrar estas tierras en el nuevo estado neonavarro de los pirineos. Sancho el Mayor controló durante su reinado un trono que agrupó diferentes tierras, que a su muerte dividió entre sus herederos, por lo que la pretendida unidad territorial que proclama el asimilacionismo es en realidad un fraude cogido con alfileres.

Más al contrario, Vizcaya fue siempre tierra de libertades, frente al control feudal de los reyes. Se gobernaba con su propio fuero y estuvo siempre cómoda como simiente del reino de Castilla, frente a los reinos Navarro y Leonés que ansiaban el control de sus tierras. Prueba de esta fértil simbiosis castellano-bizkaína, la fundación de Bilbao vino de la mano del noble riojano Diego López de Haro, señor de Vizcaya y cuyos lobos jalonaron durante siglos nuestro escudo junto con el árbol de Gernika.

El protagonismo de los bizkaínos de la mano de la familia de los Lope Díaz y Diego López, señores de Bizkaia y guardianes de la frontera castellana frente al afrancesado reino de los pirineos, fue siempre preminente en la historia de la corona de Castilla. Así, los naturales de nuestra tierra llevaron el peso de la gloria de este reino siendo su fuerza de choque en batallas como las Navas de Tolosa, donde el centro del ejército cristiano fue ocupado por el señor de Bizkaia y sus huestes. Éste esfuerzo en construir un reino de Castilla frente al anexionismo navarro fue reconocido a nuestros antepasados con hidalguías y prebendas: el propio fundador de Bilbao otorgó a la villa el fuero de Logroño, una carta de derechos y leyes que daba a la futura capital de Bizkaia libertades importantísimas para la época, y que animaron a los habitantes de nuestra tierra a ser muro de Castilla frente a sus enemigos navarros.

Hoy en día el negacionismo rechaza la verdad de que fueron los tercios de Vizcaya y no el Duque de Alba quienes haciendo un último servicio a Castilla, entraron en 1512 en el territorio de Navarra, uniéndolo definitivamente a la península ibérica frente a sus monarcas franceses. En su nuevo proyecto de renacimiento del difunto Reino de Navarra, pretenden atribuir a los antepasados de la andaluza duquesa de Alba una gesta que da fe de la combatividad bizkaína por mantener su identidad.Una vez más los negacionistas menosprecian nuestro glorioso pasado, restando a nuestros antepasados méritos y esfuerzo por mantenerse diferenciados de una patria que nos es extraña: escribiendo con indisimulado descaro otra página más en la historia de la infamia que pretende subyugar como provincia traidora a nuestra tierra en torno al proyecto panvasquista y navarrista que pretenden imponernos.

Es hora de que Vizcaya tome conciencia de esta nueva agresión, y rompa con las cadenas que intentan imponernos. Es hora de agitar la mente dormida de nuestros paisanos, de llamarles a recuperar el pasado que les pertenece para que sigamos siendo dueños de nuestro futuro. Es hora de decir que Bizkaia no es Navarra, que nunca lo ha sido ni lo será. Los que amamos a nuestra tierra la queremos libre y autónoma, no postrada y esclava del proyecto uniformizante del asimilacionismo navarro.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Los estragos del negacionismo.

Bizkaia es una nación. Hay quienes creemos firmemente que esto es así, y quienes por su parte nos niegan el derecho a ser reconocidos como tales. Éstos últimos son los negacionistas: aquellos que niegan la existencia de nuestro carácter nacional y pelean a brazo partido por continuar con el genocidio cultural, lingüístico y político de nuestra patria. Los negacionistas se agrupan en el conocido como nacionalismo vasco; un nacionalismo que nació de la idea de la patria bizkaína, pero que ha sido instrumentalizado posteriormente para su destrucción en nombre del renacer del extinto reino de Navarra. Mientras que el nacionalismo español reconoce la existencia de la pluralidad nacional de su configuración; y por ello le otorga autogobierno a las distintas partes de su territorio; el proyecto panvasquista navarro es monolítico. No reconoce su pluralidad interior, sino que además la combate activamente.


Este combate viene produciendo serios estragos en nuestra conciencia nacional, ya que se distorsiona la realidad que aflora en las calles cada día, para asimilarnos a una identidad que nos es extraña e impuesta. Muchos de nuestros compatriotas han sido confundidos por la defensa de esa identidad vasca, pensando de buena fe que la defensa de los vasco va indisolublemente unido a la defensa de lo bizkaino: nada más lejos de la realidad. Esta buena fe ha permitido que se mutile territorialmente el solar de nuestra tierra, que se acalle la voz de sus gentes, que se expolien sus riquezas para alimentar las insaciables bocas de alaveses y gipuzkoanos, que ni siquiera hacen el amago de disimular el desprecio que sienten por nuestra tierra.

Es un hecho que los vizcaínos no compartimos la cultura navarra ni sus expresiones folklóricas. No somos de jotas ni de vino Rueda. Tampoco somos de blusa alavesa, ni de guiso de patata; y aún menos de alarde y tamborrada guipuzcoana pese a los desmedidos esfuerzos por introducir estas constumbres que nos son ajenas en determinadas fiestas locales de nuestra tierra.

Bizkaia ha sido siempre tierra de libertades, tierra de industria y hierro, de progreso y pluralismo, de campo pero sobre todo de ciudad. En nuestra patria siempre hemos sido protagonistas de nuestro destino; hemos defendido las libertades y el progreso frente al rancio ruralismo neonavarrista. El precio que hemos pagado históricamente ha sido abonado en sangre bizkaína, en bombardeos como el de Bilbao o Portugalete en el siglo XIX o el de Gernika y Durango en el S XX. La supuesta autonomía vasca de la guerra civil fue en realidad autonomía bizkaína, defendida por ideas plurales y pisoteada por requetés gipuzkoanos y alaveses que regaron de sangre nuestra tierra de la mano de la IV de Navarra. Negar esta realidad histórica, negación de los hijos y nietos de los gipuzkoanos, alaveses y navarros que derramaron la sangre de todos los patriotas bizkainos, es la más alta expresión del negacionismo histórico que causa estragos en nuestra identidad como pueblo y nación diferenciada.