miércoles, 7 de diciembre de 2011

El expolio de Bizkaia.


La reconstrucción del extinto reino de Navarra que propugnan los asimilacionistas, requiere una Vizcaya postrada y sumisa pero dispuesta a pagar la factura, no sólo cultural y lingüística, sino económica que sostiene todo este tinglado. En nombre del panvasquismo, alimentando ese horizonte de patria sintética llamada Euskal Herria, los tributos de nuestra tierra expoliada van a pagar el engorde de las arcas de Vitoria y Pamplona. Esta, Euskal Herria, mejor renombrada como Euskal Txerria, ya que engulle como un cerdo el fruto de la autonomía que brota de nuestro árbol de Gernika, se costea sus infraestructuras, su televisión, su policía, su sanidad, su educación y su progreso a costa del empobrecimiento de Bizkaia, que es quien paga.

Alguna vez, seguramente todos los que hemos tenido que tratar con algún alavés, hemos oído que se nos espeta que el agua de Vizcaya proviene de la llanada. No sólo es una falacia, dado que un gran caudal del agua que bebemos proviene de Ordunte, en Burgos, o de nuestros ríos; pero en caso de que así fuera: ¿Quién ha pagado esos embalses? ¿Quién ha dotado de infraestructuras a una provincia despoblada y miserable como Álava? ¿Quién ha tributado con sus impuestos para que en nombre de la solidaridad asimilacionista se mimen a estos territorios desagradecidos, mientras grandes zonas de nuestra tierra se ven relegadas al olvido y la pobreza?

Que nadie dude que si el dinero de Vizcaya se destinara a zonas como la margen izquierda, la zona minera, las encartaciones o Lea Artibai, nuestra tierra tendría una tasa de paro y un nivel de progreso acorde con las zonas más privilegiadas de Europa. El asimilacionismo ha seducido a muchos de nuestros conciudadanos con un canto de sirena, que hipnótico como una serpiente que se prepara a devorar su presa, ha adormecido el conocimiento de un pueblo expoliado en nombre del panvasquismo.

Este expolio continuará mientras el pueblo bizkaíno continúe dormido, hechizado por los tahúres asimilacionistas a quienes no interesa que nuestra conciencia nacional despierte. Es hora de agitar este sueño tornado en pesadilla; es hora de despertar las conciencias, de poner luz donde ahora reina la tiniebla, de despertar a nuestro pueblo. Sólo así daremos fin al saqueo, y volveremos a poner a Bizkaia en el centro del protagonismo que nunca debió perder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario