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lunes, 19 de diciembre de 2011

El porvenir de Vizcaya


Somos muchos los patriotas que desde el nacionalismo bizkaino nos preocupamos seriamente sobre el porvenir que aguarda a nuestra tierra de seguir bajo la actual ola de asimilacionismo emprendida desde hace ya varias décadas y que parece no tener fin. Nuestra amada nación bizkaitarra viene sufriendo un lento pero continuado proceso de desnaturalización y pérdida de su identidad colectiva que ha causado grandes estragos entre nuestra gente. Ya hemos denunciado anteriormente el peligro que este retroceso nacional puede suponer para nuestro futuro: hablamos de la destrucción de nuestros idiomas, del olvido de nuestra herencia histórica y cultural, del expolio de nuestras riquezas, de la desmemoria, la asimilación y el postramiento frente a otros territorios y gentes. Es una amenaza latente y sin embargo real que ya ha tenido plasmaciones dramáticas en nuestra tierra.

Muchos de nuestros compatriotas se han visto forzados a emigrar debido a la falta de oportunidades que se han encontrado por mor de la pretendida construcción autonómica vasca. Durante los años de bonanza económica fueron muchos los bizkainos desplazados a tierras de la llanada en busca de trabajos y viviendas que se les negaba en nuestra Vizcaya. El crecimiento urbanístico de Vitoria Gasteiz, acompañado por la deslocalización de muchas de nuestras empresas que han buscado la cercanía con los núcleos de poder de la nueva autonomía vasca han conducido a un constante goteo de compatriotas que se han visto forzados a emigrar y llevar sus vidas más allá de Altube.

El empeño de nuestras autoridades negacionistas de repartir el mismo café para todos que denuncian del gobierno central, ha llevado a que territorios mucho menos poblados y desarrollados que el nuestro obtengan un reparto muy beneficioso en infraestructuras e inversiones en nombre del equilibrio territorial que resulta insoportable. Así, las ayudas a los campos tecnológicos de Alava y Gipuzkoa, algunos de ellos devastados por la corrupción de quienes han engordado sus bolsillos con el dinero salido de Vizcaya, ha traído como consecuencia que muchos de nuestros mejores investigadores y empresarios se hayan desplazado fuera de nuestro territorio, llevándose consigo todo su potencial de riqueza y crecimiento hacia zonas donde dichos centros han caído como un maná pagado de nuestros impuestos.

En este punto es vergonzoso el modo en que ciertos ayuntamientos de la llanada ofrecen tierras y parques empresariales a coste cero para que nuestra industria salga de Bizkaia en busca de menores costes y artificial beneficio subvencionado con nuestro dinero. Pagamos en definitiva por ser más pobres: es la gran estafa autonómica del negacionismo.

¿Es acaso comprensible que Gipuzkoa o Alava tengan la misma red asistencial sanitaria que nuestro territorio siendo zonas mucho menos pobladas que nuestra patria? ¿Con qué dinero se financian esos centros asistenciales o tecnológicos punteros de los que se han dotado? ¿Por qué el motor turístico del Guggenheim se redirige a que los turistas fijen sus estancias en hoteles de Donosti y sus vuelos en Biarritz? ¿Quién ha pagado el Artium de Vitoria para aprovecharse del renacido interés por el arte contemporáneo de nuestros visitantes?  ¿Acaso es coincidencia que los principales centros de nanotecnología se hayan asentado en Gipuzkoa tras ostentar el cargo de ministra de ciencia y tecnología una donostiarra? ¿Por qué se han llevado del campus de Bizkaia el centro de hostelería y han levantado en San Sebastián el lujoso Basque Culinary Center? ¿Por qué el gipuzkoano grupo mondragón financia a los equipos de baloncesto de San Sebastián y Vitoria mientras da la espalda al basket bizkaino? Muchas son las preguntas y pocas las respuestas.

Bizkaia vive una época oscura de negacionismo y asimilacionismo que nos empuja a revelarnos contra este negro destino. Es el momento de tomar conciencia del porvenir que aguarda a las futuras generaciones de bizkainos de seguir por esta senda. Corremos el serio riesgo de tener un pasado dorado, escrito en letras de oro por los combativos y nobles hijos de esta tierra, y que se torne en un futuro gris de emigración y abandono. No hay más que ver las cifras de abandono de nuestra tierra por parte de nuestros jóvenes; las tasas de paro de nuestra Bizkaia muy por encima de sus ventajistas vecinos, la deslocalización de nuestras empresas; que no se hace hacia horizontes lejanos, sino que se encamina hacia parajes más cercanos y tramposos.

Es necesario reaccionar ante este panorama. Desde el nacionalismo bizkaino hacemos un llamamiento a nuestros conciudadanos para que hagan examen de conciencia. No es viable seguir participando de este entramado perverso de destrucción de nuestra patria. Es preciso reorganizarse y prepararse para la acción; es tiempo de despertar a la nación dormida, de agitar mentes y corazones, de aportar luz allí donde los enemigos de esta tierra han sembrado oscuridad. No hay tiempo que perder, porque nuestra querida Bizkaia demanda un autogobierno propio para poder subsistir; una autonomía libre de ataduras panvasquistas que pueda asegurar un futuro a nuestros compatriotas. Necesitamos del concurso de todos y todas, del apoyo sin fisuras de aquellos que se demandan hijos e hijas de esta tierra para poder ofrecerle una oportunidad a nuestro pueblo. Es tiempo del renacer nacional de Bizkaia.

martes, 13 de diciembre de 2011

La autonomía vasca al servicio de la destrucción de Bizkaia.


Nuestra querida patria bizkaina es el patito feo de la autonomía vasca. Nuestra identidad es objeto de burla y de abierta envidia por parte de nuestros vecinos, que no sólo se han apropiado de grandes extensiones de nuestro solar patrio, sino que viven a todo tren a costa de nuestros impuestos. Es el cerdo de Euskal Txerria que no para de engordar con nuestras riquezas mientras echa pestes un día sí y otro también de la mano que le da de comer. Los alaveses por calculado desafecto, y los guipuzcoanos, por abierto expansionismo, desangran las arcas de nuestra maltratada Vizcaya; adormecida por el sueño negacionista.

¿Vale la pena continuar alimentando la destrucción de nuestra identidad nacional en aras de la construcción del nuevo estado navarro? ¿De verdad merece la pena pagar las facturas de esta autonomía asimétrica? Los bizkaitarras con conciencia nacional decimos que no. Creemos que para que nuestra tierra desarrolle todo su potencial y ofrezca una alternativa de futuro para sus ciudadanos, es necesario que Vizcaya camine sola. Si queremos garantizar el bienestar de nuestras gentes es el momento de destinar los recursos derrochados en la pantomima autonómica vasca en un proyecto de autogobierno propio. Si queremos que nuestra voz se vuelva a oír es el momento de construir una voz para los habitantes de Bizkaia que se pueda oír en Madrid y en Bruselas; una alternativa defensora de los frutos del árbol de Gernika que quiera volver a situar nuestra voz por encima de la mordaza de Vitoria y Pamplona.

No deseamos ningún mal a nuestros vecinos; es solo que consideramos que ha llegado el momento de decir basta. No queremos ser asimilados por el panvasquismo neonavarrista, ni ser arruinados por un parlamento vasco donde nuestra tierra está subrepresentada. Queremos decir con voz alta y mirada limpia que preferimos llevar nuestro propio camino, que deseamos volver a ser lo que siempre hemos sido, sin que nadie se moleste, sin que nadie se ofenda; pero sin que nadie cuestione nuestra dignidad y resolución para llevarlo a cabo. Tenemos determinación para reivindicar nuestra identidad bizkaitarra. Una identidad plural que construir en una nueva configuración territorial, donde nuestra tierra camine junta en su diversidad.


Queremos garantizar un futuro a nuestros idiomas, a nuestras formas de vivir, de pensar y de ser. Queremos hacerlo desde el respeto, pero desde la firmeza. No deseamos ni usaremos la violencia, pues la justicia de nuestros planteamientos tienen más fuerza moral que cualquier arma que nuestros enemigos quieran emplear; el triunfo ha de llegar siempre por despertar las conciencias de nuestro pueblo.

Es el tiempo de garantizar la viabilidad de nuestra identidad nacional, reclamando nuestra propia autonomía. No pueden existir excusas ante la llamada a nuestro autogobierno: ni desde el gobierno central ni desde el vasco. El primero ya ha concedido este autogobierno al segundo y ha reconocido en su constitución los derechos que en virtud a nuestro pasado podemos reclamar siempre dentro del estado. No tenemos ningún problema con ésto, ya que el bizkaitarra siempre ha sido protagonista y líder de la historia de Castilla primero y de España después. Queremos seguir liderando y protagonizando esa historia que con gran orgullo construyeron nuestros antepasados, y que por ella ha sido merecedora de reconocimiento en la actual constitución. No sabemos si podemos esperar lo mismo del gobierno vasco. Éste está dominado por el asimilacionismo y el negacionismo que anega nuestra tierra. Sin embargo no podrá resistir esta justa reclamación si la conciencia nacional de Vizcaya despierta de su letargo. No pueden justificar la incoherencia de reclamar la autonomía y/o secesión de la causa vasca, y a su vez negársela a Bizkaia.

Vizcaya no quiere ni debe integrarse en el pretendido renacimiento del Reino de Navarra bajo la máscara del panvasquismo. Muchos de nuestros compatriotas viven confundidos con la ensoñación del asimilacionismo; sabemos que de buena fe. Pero es el momento de iluminar de nuevo las conciencias de los verdaderos patriotas, y de denunciar los desmanes de aquellos que incrustados entre nosotros, son lacayos de una patria extraña y sintética. Es tiempo de sustituir el Aberri del panvasquismo asimilacionista por el Aiterri de nuestros antepasados. Necesitamos menos abertzales y más aitertzales. Menos negacionistas y más bizkainistas. Es la hora del renacer de nuestra Bizkaia ante el mundo, y para ello es necesario que todos desde nuestras distintas posiciones, arrimemos el hombro para difundir este mensaje de esperanza para nuestro pueblo: el mensaje de la Conciencia Nacional Bizkaina.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Bizkaia es diferente y vota diferente.

Durante los últimos años he venido escuchando al asimilacionismo moderado de la autonomía vasca vanagloriarse de que mientras en el conjunto del estado teñía sus provincias de dos colores mayoritarios, los territorios objeto de su codicia mantenían la tonalidad de sus particulares designios. Esta ensoñación se ha visto truncada en las dos últimas citas electorales al congreso de los diputados, donde hace cuatro años se tiñeron del color rojo de sus adversarios políticos y en ésta última cita hemos visto una radiografía exacta del mapa histriónico de esta pantomima autonómica.

Como bien venimos avisando desde el nacionalismo bizkaitarra, los colores que tiñen Álava son fundamentalmente del color azul del vascoescepticismo; el arma empuñada por los alaveses para obtener la ventaja del soborno asimilacionista para lograr privilegios pagados por el dinero de Vizcaya.

Por otro lado, el asimilacionismo negacionista radical es prácticamente hegemónico en Gipúzkoa, modelo de desnaturalizamiento sobre el que construir Euskal Txerria. Sin embargo podemos observar que este color se extiende como una plaga contagiosa en las zonas limítrofes de ésta provincia infecciosa por el norte de Álava y el oriente de nuestra amada Bizkaia. Es la señal de alarma que nos invita a reflexionar sobre el peligro que se cierne con el avance del negacionismo radical. Un negacionismo que tiene en su punto de mira la identidad nacional de Bizkaia.

Y es que si algo tiene Bizkaia es que vota diferente porque piensa diferente. Los colores verde del asimilacionismo moderado, asentado en la capital y en las zonas rurales del centro y este de la provincia, unidas al color rojo de los grandes núcleos de población del gran Bilbao, dan muestra de que en Bizkaia se vota diferente porque se piensa diferente. Ya es hora de reivindicar esta diferencia, de agitar esas mentes verdes y rojas para hacerles comprender que pertenecen a una nación diferente de la que creen, la nación bizkaitarra. Es hora de agitar esas mentes que creen que el negacionismo radical es la defensa de su tierra, cuando supone servilismo a una identidad que no es la nuestra, y recuperar el terreno perdido en el este de nuestra tierra.