jueves, 8 de diciembre de 2011

El odio hacia Bizkaia


Los asimilacionistas no quieren que Bizkaia retome su conciencia nacional. En su proyecto no encaja una tierra con su propia identidad, sino que prefieren la uniformidad y el servilismo. Necesitan a nuestro territorio por pura conveniencia, ya que es el peso demográfico y económico de nuestra tierra la que puede llegar a vertebrar un nuevo estado navarro panvasquista. El negacionismo sabe que Bizkaia es fuerte, que tiene una identidad diferenciada y que tiene el poder de erigirse en un territorio autónomo a espaldas de su proyecto, y la conciencia de que su futuro depende de nosotros es lo que ha hecho que entre los asimilacionistas se desarrolle un larvado odio a todo lo que suene a Bizkaia.

Para ello han ido minando lentamente nuestra identidad, y a la vez, extendido el odio hacia Vizcaya entre sus vecinos. Pese a que pagamos solidariamente su autonomía negacionista, nuestros vecinos han intentado por todos los medios minimizar nuestro progreso. De este modo, cuando en Bilbao se levantó el faro turístico del museo Guggenheim, en primer lugar el negacionismo radical intentó volarlo por los aires, y luego el negacionismo moderado invirtió en burdas copias como el Artium en Vitoria para intentar robar turistas a nuestra capital. Cuando Bizkaia desarrolla potentes campus privados como la universidad de Deusto, el negacionismo fomenta universidades propias y patéticas como la de Mondragón. Si Vizcaya dota de un metro a su área metropolitana, Gipúzkoa exige otro para su  minúscula capital... la lista es interminable. Y la mayor vergüenza del asimilacionismo es que todos estos proyectos que buscan hacer sombra a nuestra tierra se financian precisamente con los impuestos de los bizkaitarras, ya sea mediante proyectos públicos, o generosas ayudas a proyectos privados.

Así, para hacer frente a nuestra potente industrialización, la iglesia católica ha promocionado desde sus orígenes el movimiento cooperativista gipuzkoano. Esta indisimulada alianza entre sotanas y política frente a Bizkaia la venimos padeciendo desde que el Gipuzkoano Ignacio de Loyola y el Navarro Francisco Javier fundaran la compañía de Jesús. Esta congregación, conocida mundialmente por su fanatismo y su integrismo católico ha tenido siempre en su punto de mira a la Bizkaia librepensadora y abierta al mundo que tanto aborrecen. En este punto resulta vergonzoso que Ignacio de Loyola sea festejado en Bizkaia como patrón, dado que es ajeno a nuestra historia y territorio.

Los bizkainos debemos permanecer vigilantes ante el movimiento de odio que el negacionismo viene sembrando entre nuestros vecinos. No queremos conflictos con nadie, pero exigimos que se nos respete; y el camino del respeto comienza por el de que dejen que gobernemos nuestra propia casa y administremos nuestros dineros. 

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